Close

Rompienzo una lanza en favor de Gil Manzano

Aparte de las fake news, el periodismo patrio sufre otro males como son las tertulias llenas de periodistas que valen más por sus gritos que por sus argumentos y una tendencia excesiva al amarillismo. En el campo deportivo estos males están especialmente arraigados, importa más qué peinado lleva Ronaldo o crucificar a un arbitro que quién ganó los 400 metros lisos en el mundial de pista cubierta. Bueno, además, sólo se informa –si puede llamarse así- del Madrid y del Barca.

No voy a irme por las ramas y sobrepasar el límite –autoimpuesto para no cansaros– de las cuatrocientas palabras. Así que, al grano, que hoy va de arbitrajes la cosa.

Este periodismo del que me quejo es bastante dado a tomarla con los árbitros cuando pierde o no le van bien las cosas a los equipos que anima su línea editorial. Siempre ha existido la polémica y la moviola pero de ahí a hacer de eso cruzadas personales hay un trecho largo.

La semana pasada el Sport dedicó varias noticias a desacreditar a mi paisano Gil Manzano. Este mismo diario, el año pasado le llegó a acusar, sin comprobar la noticia, de ser el presidente de la peña madridista de Don Benito. Los de deportes Cuatro, que también están a la que salta, llegaron a ir a la puerta de su casa en la capital calabazona. Una locura.

En este contexto, quiero romper una lanza en favor de Jesús, que es un gran arbitro, y ayer acertó en todas las jugadas importantes del que quizás fuese el partido que decidía la Liga.

Los árbitros, como todos nosotros, se equivocan. Que tire la primera piedra quien esté libre de errores y equivocaciones. El arbitro y sus posibles errores son parte del juego, al igual que los fallos de los delanteros, las cantadas de los porteros o las pérdidas en zonas peligrosas de los centrocampistas. Vaya juego tan aburrido si todo fuese perfecto sin que jugase Diego Armando.

Hace unas semanas me dijo un abogado con respecto a los jueces, que son los árbitros de nuestro particular juego, que hay que aceptar sus decisiones sin echarles la culpa igual que un regatista cuando le ha ido mal no dice que “es que el viento no soplaba a favor”. Pues eso, que hay que saber navegar con los elementos que forman parte del juego y con los fallos y errores que forman parte de la vida.

Desde aquí mostrar el orgullo, como calabazón, de ver a un paisano, que además es buena gente y presume de dombenitense, triunfar en los principales campos europeos. ¡Suerte, Jesús, y que hablen poco de ti!

Mi Barrio y mi comunidad: San Sebastian.

Publicado originalmente en la revista de las fiestas de 2018 del barrio de San Sebastián (Don Benito).
Gracias a la Asociación de Vecinos por contar conmigo para llenar una página.

11899974_399719846894379_1462305111670379573_n

Vivimos en una época de notables avances y profundos cambios. Sin embargo, mientras a golpe de clic podemos conectarnos con cualquier punto del planeta, se están empezando a levantar muros. Que contradicción, la tecnología y el progreso nos acercan y difuminan las fronteras y, algunos se empeñan en cerrar las puertas y fracturar las sociedades. Cuando creíamos totalmente enterrados viejos fantasmas que tantas consecuencias negativas trajeron en el pasado siglo, algunos vuelven a hablarnos de patrias y a enarbolar banderas con ánimos excluyentes. Es triste que después de tantos siglos no hayamos comprendido que la riqueza está en la diversidad y que para construir un mundo mejor necesitamos fijarnos en los elementos compartidos.

Mi patria es mi niñez. Nada original. Rilke ya dijo que “la verdadera patria del hombre es la infancia”. Así que, el barrio de San Sebastián, que ahora celebra sus fiestas, es uno de mis lugares en el mundo. Muchos de mis recuerdos están localizados, como si de una película se tratase, en la calle Cuesta, donde vivía mi abuela. Jugábamos mi hermana y yo en la calle esperando que mi madre viniera a recogernos, cuando saliese del trabajo, mientras en casa de Rai se organizaba diariamente una tertulia, como si del Café Pombo o del Gijón en Madrid se tratase, donde mi querida abuela era contertulia fija, junto a Constanza, Fita, Félix, Mari o señá Juana.

Aunque vine a vivir aquí con dieciocho años, poco antes de marcharme a Madrid, crecí yendo a hacer recados a Alejandro, Marisol o ancá Pepe –que después de varias décadas, tristemente ha echado el cierre- o, subiendo y bajando diariamente las empinadas cuestas. Me bauticé e hice la comunión en nuestra parroquia con don Santos –el que después de tantos años como párroco se ha convertido en un referente simbólico del Barrio-. Así que si llegan por estos lares, esperemos que no, los discursos excluyentes, tengo elementos más que suficientes para poder defender mi pertenencia.

San Sebastián, además de un Barrio, es una comunidad, donde los vecinos se conocen, se saludan por sus nombres, se ayudan y tienen lazos afectivos más allá que el de compartir acera. Cuando has vivido en ciudades tan despersonalizadas e individualistas como Madrid valoras salir de casa y poder saludar a Toñi y Andres, a Ani y Domingo, a Luisa y José o, a  Amparo y Joaquín, por sus nombres, que te pregunten al bajar la calle Buenavista Pepi “la del ciego” o Julia que cómo estás.

Fue mi abuela la que me fijó a San Sebastián. Permitidme que tenga aquí con unas palabras de recuerdo con quien tan importante fue para mi familia y que, siendo una de las vecinas más longevas de nuestro barrio, se marchó el pasado mayo. Ella que siempre presumía de vivir en la calle “el cuerno” y, que tan buen humor y hacer tuvo siempre.

Como no quiero ponerme más sentimental de la cuenta ni extenderme demasiado, admitidme que acabe con una petición –los abogados siempre finalizamos nuestros escritos con un suplico- no dejemos que nuestro Barrio, que también es el de todos los que estos días vienen a probar los deliciosos pestiños que hacen nuestras vecinas, pierda su encanto y sus valores. No permitamos que por mirar la pantalla del móvil nos alejemos de aquellos con quienes compartimos calles. Sigamos siendo una comunidad amable, abierta y hospitalaria.