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Patri, el hombre de la casa.

Llego tarde. Debí escribir este post hace un año. A principios de marzo del 2017, Patricio Moreno Ruiz, “Patri”, colgó las botas como jugador de fútbol en el equipo de su vida para sentarse en el banquillo junto a Juancho Pozo tras la marcha de Emilio Sosa.

Esta tarde, en un descanso de mis trabajos jurídicos, me he puesto a curiosear en la red sobre el importante partido de mañana del Deportivo para jugar la liguilla y por qué no ascender a la Segunda B. He comprobado, no sin cierta sorpresa, que faltaba  en la red un pequeño homenaje al centrocampista dombenitense que tanto viene dando al club.

Me he aficionado a la tercera extremeña y al Don Benito gracias, como tantas otras cosas, a mi padre. Además, esta temporada he tenido la oportunidad de aprender de fútbol sentado cerca del que ahora es nuestro director deportivo. Hasta he comenzado, una vez introducido en el terreno, a fantasear con la posibilidad de escribir un volumen de la colección Hooligans ilustrados de la editorial Libros del K.O. sobre el equipo de mi ciudad.

Patri fue un mediocampista espigado y rápido que se movía por la zona izquierda del campo con elegancia. Jugó en Segunda (Almería, Poli Ejido y Hércules) y en Segunda B (Alcoyano, Alicante o Cerro de Reyes) hasta llegar para quedarse en el 2011 al Don Benito. Ha sido uno de los principales puntales, tanto dentro como fuera del campo, de nuestro Deportivo en los últimos años. Protagonizó un momento histórico al coincidir en el terreno de juego con su hijo vistiendo ambos la zamarra calabazona.

Entregado, con pasión, con buenas formas y demostrando ser un gran tipo ha dejado huella en el Vicente Sanz y continuará haciéndolo en los despachos. A ver si con un poco de suerte, con goles de Abrahán Pozo y Amornl, las zancadas de Diop, la garra de Gonzalo y las internadas de Trinidad y las paradas de Sebas Gil en Segunda B.

¡Aúpa Deportivo!

Rompienzo una lanza en favor de Gil Manzano

Aparte de las fake news, el periodismo patrio sufre otro males como son las tertulias llenas de periodistas que valen más por sus gritos que por sus argumentos y una tendencia excesiva al amarillismo. En el campo deportivo estos males están especialmente arraigados, importa más qué peinado lleva Ronaldo o crucificar a un arbitro que quién ganó los 400 metros lisos en el mundial de pista cubierta. Bueno, además, sólo se informa –si puede llamarse así- del Madrid y del Barca.

No voy a irme por las ramas y sobrepasar el límite –autoimpuesto para no cansaros– de las cuatrocientas palabras. Así que, al grano, que hoy va de arbitrajes la cosa.

Este periodismo del que me quejo es bastante dado a tomarla con los árbitros cuando pierde o no le van bien las cosas a los equipos que anima su línea editorial. Siempre ha existido la polémica y la moviola pero de ahí a hacer de eso cruzadas personales hay un trecho largo.

La semana pasada el Sport dedicó varias noticias a desacreditar a mi paisano Gil Manzano. Este mismo diario, el año pasado le llegó a acusar, sin comprobar la noticia, de ser el presidente de la peña madridista de Don Benito. Los de deportes Cuatro, que también están a la que salta, llegaron a ir a la puerta de su casa en la capital calabazona. Una locura.

En este contexto, quiero romper una lanza en favor de Jesús, que es un gran arbitro, y ayer acertó en todas las jugadas importantes del que quizás fuese el partido que decidía la Liga.

Los árbitros, como todos nosotros, se equivocan. Que tire la primera piedra quien esté libre de errores y equivocaciones. El arbitro y sus posibles errores son parte del juego, al igual que los fallos de los delanteros, las cantadas de los porteros o las pérdidas en zonas peligrosas de los centrocampistas. Vaya juego tan aburrido si todo fuese perfecto sin que jugase Diego Armando.

Hace unas semanas me dijo un abogado con respecto a los jueces, que son los árbitros de nuestro particular juego, que hay que aceptar sus decisiones sin echarles la culpa igual que un regatista cuando le ha ido mal no dice que “es que el viento no soplaba a favor”. Pues eso, que hay que saber navegar con los elementos que forman parte del juego y con los fallos y errores que forman parte de la vida.

Desde aquí mostrar el orgullo, como calabazón, de ver a un paisano, que además es buena gente y presume de dombenitense, triunfar en los principales campos europeos. ¡Suerte, Jesús, y que hablen poco de ti!