Una apuesta por el entendimiento

Cada día estoy más cansado de la sociedad del enfrentamiento vacuo, las trincheras twitteras, y del qué dices tú que yo me opongo, que padecemos.

Parece que es imposible encontrar un asunto en el que nos pongamos de acuerdo. Hay más antis que pros o más fobias que filias. Algunos pensadores achacan a nuestro carácter latino el hecho de que nos definamos por oposición.

Olvídate en este estado de las cosas de la posibilidad de acuerdos. Las mutuas concesiones que han de caracterizar todo pacto son vistas como derrotas o -perdonen la expresión- como una bajada de pantalones por los enfervorizados seguidores que tras perfiles anónimos -ya saben el anonimato crea valientes- hacen del improperio y los insultos sus banderas en las redes sociales campando a sus anchas y arremetiendo contra todos los que no piensen como ellos.

La capacidad de lograr soluciones inclusivas, por mucho que nos vendan lo contrario, no está reñida con la defensa y conservación de férreos principios y valores. Tenemos que ser capaces de comprender que la verdad absoluta no existe y los diferentes puntos de vista suman. Potenciar los elementos comunes, debilitando aquellos que nos separan.

Marginemos a quienes hacen del enfrentamiento, la promoción de enemigos ficticios y la intolerancia su razón de ser. En una sociedad mejor, claramente, no tienen cabida.

Como decía el subcomandante Marcos, quiero un mundo donde quepan muchos mundos. Un mundo en el que la tolerancia y el respeto permitan el dialogo y el entendimiento.