Blockchain y Extremadura

Resuena en mi cabeza, mientras conduzco por las Vegas del Guadiana, la pregunta final que se hacía ayer José María Molina Mateos en el artículo “¿Tecnología para Extremadura?” publicado por el Diario Hoy: “¿Podrá ser la tecnología blockchain útil para Extremadura?”.

Veréis hace unos meses leía El imperio del oro rojo de Jean-Baptiste Malet. Esta obra que recoge la trastienda del comercio mundial del tomate dejando ver la explotación de migrantes, el etiquetado falso, los productos importados y las salsas de pésima calidad. Frente a la realidad descrita en el libro, principalmente propiciada por productores chinos e italianos, en las Vegas del Guadiana tenemos un sector que ha apostado por la calidad y al que blockchain puede ser de gran ayuda -ahora veréis cómo-.

Así que al mismo tiempo que adelanto varios tractores cargados de tomates en dirección a las fábricas de concentrado, pienso que la aplicación de la tecnología blockchain no es una opción para nuestra región sino una obligación que nos aportará numerosas ventajas competitivas. La cadena de bloques, por su terminología en castellano, puede ser un elemento decisivo en el crecimiento e internacionalización del sector agroalimentario extremeño.

En nuestra región se producen alimentos (frutas, cereales, arroz, cerdo, vacuno bovino…) de gran calidad y el reto sigue siendo el crecimiento en la cadena de valor. No sabemos cómo serán nuestros móviles o tabletas, de qué tejido se confeccionarán nuestras prendas, con qué energía se impulsarán nuestros coches, pero seguro que seguiremos comiendo. Ahí está uno de nuestros grandes potenciales.

No quiero aburriros con detalles técnicos. Tan sólo apuntaros que esta nueva tecnología presenta importantes oportunidades para garantizar la trazabilidad de los productos, informar a los consumidores del origen de la comida que van a consumir, certificar fehacientemente etiquetados ecológicos y orgánicos y conectar directamente a los productores con los consumidores -con el impacto que ello tendría en un sector en el que las plusvalías quedan en manos de los intermediarios-. Y, finalmente, ya que como jurista no puedo dejar de lado mi ciencia, el uso de smartcontracts o contratos inteligentes, íntimamente ligados a lo anterior, aportará seguridad jurídica, eliminará intermediarios y dará transparencia a la fijación de precios.

Además, la cadena de bloques impedirá manipulaciones no deseadas en los alimentos, evitará fraudes y ayudará a encontrar los lotes sospechosos. Imaginaos el impacto que esto puede tener por ejemplo en la certificación de los productos ibéricos.

Y, es que, en definitiva, la conjunción de blockchain y big data, permitirá un acceso nunca antes visto a la información sobre el producto que vamos a comer, desde su origen hasta que llega a nuestro plato.

Blockchain no es va a ser opcional, es probablemente, si nos damos prisa, la enzima que acelere la reacción química de nuestro desarrollo económico.