Cartas a Marcos I

Querido Marcos:

El género epistolar está de capa caída, pero vamos a reinvertarlo con cartas de bloggero a bebé. Te escribo y tú me regalas una carcajada con un “tatatata”. En un tiempo, además podrás leerlas y acumular recuerdos prefabricados de cómo fue tu infancia.

Si te soy sincero, creía que eso de que un bebé cambia todo era parte de la filosofía de tazas de café y libros de autoayuda que nos domina. Me equivocaba. Tu llegada ha sido un chute de ilusión y alegría. Hemos llenado la piscina con las babas que se nos han caído estos cinco meses.

Eres tan bueno y alegre que me atrevo a apostar que a poco que te sonría la vida –ya lo ha hecho con los padres y abuelos tan maravillosos que tienes- serás un gran tipo. Aquí estará tu mentor para ayudarte en lo que necesites.

Tus padres viven entregados a ti. Siempre pendientes con infinita paciencia de su glotoncito. Aunque venías sin libro de instrucciones, han aprendido tu funcionamiento y te entienden a la perfección. No negaré que a mi me está costando más. Tus escasos llantos me ponen nervioso y desconciertan. No soy tan ducho como ellos y me faltan horas de observación.

Soy incapaz de describir la gran alegría de verte disfrutar en tu piscina y dormirte en tu sombrilla de la playa. Empiezas a resistir a remojo las olas de calor de la tierra que te ha visto nacer.

Haremos de tu patria, la infancia, un lugar maravilloso. Ya te voy contando cómo va todo.

De tu tio y mentor. Un beso.