La noche loca de una opositora desfasada

El hecho de ser opositor o ex-opositor marca. No sé si para bien o para mal. La carrera de la oposición cimenta unos sólidos conocimientos y forja el carácter, pero tanto tiempo encerrado en una habitación no debe ser bueno. Voy a hacer una encuesta en mi entorno cercano, ahora que la demoscopia y las encuestas son el santa sanctorum de la política y el mundo.

Anécdotas y leyendas urbanas de opositores hay cientos o miles, pero la que hoy os traigo merecía un post.

Apareció en los medios hace un par de años. Aquí os dejo la de El Mundo: “La detienen al no querer salir del bar y recita la Constitución”.

No me negareis que tiene cierta gracia, la detienen por montar jaleo borracha en un bar y se pone a recitar –cantar, en la jerga opositoril– la Constitución.

Entrando en materia, dudo de si este post es una reivindicación del derecho al descanso de los opositores, una denuncia de sus condiciones laborales, un pliego de descargo para esta opositora, una advertencia para no mezclar alcohol y temas o, simplemente, un batiburrillo de todo lo anterior. ¡Ah!, se me olvidaba, no he logrado confirmar que la joven fuese opositora, aunque eso se rumoreó por la red. Como buen conocedor de las peculiaridades de los opositores, me apunto también a la tesis de que está mallorquina era del gremio de los estudiosos.

Veréis, la noche loca de esta opositora tuvo que transcurrir tal que así. Cansada y agobiada, con muchas horas de soledad y esfuerzo acumuladas, decidió darse un homenaje antes de los cercanos exámenes. Después de haber hecho una buena actuación con el preparador el viernes, quedó con sus amigas el sábado. Salió con ganas, bueno más bien, con hambre atrasada. No se acordaba de la última vez que se fue por ahí de fiesta. Durante la cena regó bien la comida con vino y cerró el banquete con unos pacharanes. En ese punto, de no retorno ya, empezó a notar los efectos del alcohol y que su cuerpo, tras meses de vida ermitaña, no estaba ya para muchos más trotes y, la cosa podía irse de las manos. Aún así, decidió echar más leña a la hoguera, y se pidió la correspondiente copa y un shot de jagger bomb –Jaggermeister con Red Bull–. Sus amigas y amigos conscientes de que no podían seguirle el ritmo decidieron ir abandonando poco a poco a la opositora desfasada en su noche loca. Un par de copas y chupitos después después, comenzó a gritar máximas jurídicas y principios generales del derecho. El camarero, poco familiarizado con las locuras opositoras, le afeó su comportamiento varias veces hasta que se vio obligado a invitarla a cerrar la puerta por fuera. Esto indignó a la joven, que decidió vengarse a su manera. Se acercó tambaleándose a la barra, se subió a uno de los taburetes y comenzó a cantar la Constitución reivindicando de esta peculiar manera su derecho al descanso, sus ganas de fiesta tras tantas horas de estudio, su hartazgo por tanto encierro y sus deseos de recuperar tantos fines de semana perdidos. En el establecimiento, no fueron demasiado comprensivos y llamaron a la policía. Los agentes tuvieron que detenerla tras mostrar resistencia, imagino que de manera muy persistente. No obstante, la persistencia es uno de los pilares en la carrera por una plaza.

Me queda la duda de si también se pondría a recitar temas y artículos en los calabozos y de cómo debió ser la resaca. Espero que el juez que conoció del tema, fuese empático e indulgente y le aplicase alguna eximente. Al fin y al cabo, ella sólo trataba de recuperar el tiempo y las fiestas perdidas por haberse entregado irremediablemente durante meses al Derecho y a su vocación de servicio público.