Te recuerdo, abuela

“Dios es amor, y el que está en el amor está en Dios, y Dios en él”
(1 Juan 4:8 )

 

Facebook cada mañana, para lo bueno y para lo malo, te trae sus recordatorios. Hoy amaneció con recuerdos tristes por la pérdida de alguien, que aunque se marchó poco a poco, apagándose como una vela, dejó un enorme vacío.

Quería haber vuelto a compartir la carta que leí en su entierro como sentido homenaje. Pero, ya sabéis, el blog migró, se perdieron los post y el enlace no está operativo. Y con una noche de insomnio por delante, tras acabar un contrato –bastante chulo, por cierto, pero como os resistís a leer entradas jurídicas no voy a contaros nada-, he adaptado aquella carta para recordar a quien tanto me marcó y enseñó.

A diferencia de Dostoievski que era un hombre profundamente religioso y pidió ser enterrado con un ejemplar de El Quijote para que cuando Dios le preguntara qué había hecho en su vida, poder mostrárselo y responder: “leer esta maravilla”, mi abuela jamás quiso hablar de su funeral ni siquiera de la remota posibilidad de que su vida se acabase. Sin pistas, no sabíamos cómo proceder. Desde luego, había que hacerlo con la alegría y el humor que siempre la habían caracterizado.

Tenía claro que la vida es la cosa más maravillosa que se ha inventado. Hasta el último momento estuvo dispuesta a comer sin parar de este pastel agridulce que se saborea mejor con buena predisposición. Esa que tenía y que tanto nos ayudó a ser mejores.

Llenó mi imaginario de expresiones que sin mucha sofisticación resumen de manera sencilla y fácilmente comprensible ideas que muchos otros explican mal en complejos tratados, como “viviendo y aprendiendo”, o “ca´joio va a su avió”. Tenía eso que Lorca llamaba cultura en la sangre.

Nació en una época en la que las oportunidades eran una quimera. Sufrió duras pérdidas sin que eso mellase sus ganas de continuar y sobreponerse. Sirvió, como ella bien decía, porque aquello poco tenía de relación laboral y menos de derechos. Llegó vital y jovial a la vejez para educarnos, a mi hermana y a mi, con mano férrea entre risas, bromas y cariño.

Estoy seguro de que aunque no llevaba El Quijote, no habrá tenido ningún problema para entrar en el cielo y estará allí derrochando su sabiduría popular y buen hacer/vivir.

Dios la tenga en su eterna Gloria.

Te quiero mucho. Te recuerdo, abuela.