El último empujón tras suspender las oposiciones

Durante un tiempo, antes de crecer, tener dominio propio y un hosting de pago, este blog debió llamarse un opositor entre bambalinas.

Los que seguís este espacio desde aquella época recordaréis las entradas contando mis peripecias al recitar temas por la calle o en el supermercado, las quejas y lamentos por la maldición de las obras que persiguen a los que buscan tranquilidad para estudiar o la tristeza del fracaso que olía a perro mojado tras los suspensos.

Si aún queda algún opositor en la barra de este particular garito: ánimo, no desistas, aunque salga mal -así es la vida, la derrota es el drama que te hace valorar las victorias- habrá merecido la pena intentarlo. Los conocimientos, el carácter y el esfuerzo permanecen.

Tras una larga carrera que fue llenándose de obstáculos, paré. No podía seguir quemando más naves y decidí cambiar de aires. Como nunca sabes lo que la vida te va a deparar, encontré mi salida en mi tierra, Extremadura, haciendo una de las cosas que más me gustan, ejercer la abogacía en el ámbito del Derecho Administrativo y de las nuevas tecnologías.

No negaré que algún que otro día me sobrevuelan los nubarrones borrascosos del fracaso en aquella carrera pero, afortunadamente, cuando cada mañana me siento en mi ordenador a estudiar los temas de los clientes del despacho lo hago con la alegría y la emoción del que siente pasión por lo que hace.

La semana pasada, adaptado ya a la vida alejada de los temas, códigos y cronómetros, conocí a un antiguo opositor y ahora gran abogado, con el que varios conocidos y amigos me habían encontrado parecido. Historias similares. En cinco minutos hablamos de las recomendaciones -riñas- de las madres para que no estudies tanto, de la regulación de las aguas en el Código Civil y de la figura de la representación. Fue suficiente para que esa pequeña charla fuera el último ingrediente de mi particular bálsamo de Fierabrás. Gracias, Emilio, cuando llegué a casa supe que había subido con tu empujón el último escalón hacia un nuevo piso en el edificio de la vida.