Mi Barrio y mi comunidad: San Sebastian.

Publicado originalmente en la revista de las fiestas de 2018 del barrio de San Sebastián (Don Benito).
Gracias a la Asociación de Vecinos por contar conmigo para llenar una página.

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Vivimos en una época de notables avances y profundos cambios. Sin embargo, mientras a golpe de clic podemos conectarnos con cualquier punto del planeta, se están empezando a levantar muros. Que contradicción, la tecnología y el progreso nos acercan y difuminan las fronteras y, algunos se empeñan en cerrar las puertas y fracturar las sociedades. Cuando creíamos totalmente enterrados viejos fantasmas que tantas consecuencias negativas trajeron en el pasado siglo, algunos vuelven a hablarnos de patrias y a enarbolar banderas con ánimos excluyentes. Es triste que después de tantos siglos no hayamos comprendido que la riqueza está en la diversidad y que para construir un mundo mejor necesitamos fijarnos en los elementos compartidos.

Mi patria es mi niñez. Nada original. Rilke ya dijo que “la verdadera patria del hombre es la infancia”. Así que, el barrio de San Sebastián, que ahora celebra sus fiestas, es uno de mis lugares en el mundo. Muchos de mis recuerdos están localizados, como si de una película se tratase, en la calle Cuesta, donde vivía mi abuela. Jugábamos mi hermana y yo en la calle esperando que mi madre viniera a recogernos, cuando saliese del trabajo, mientras en casa de Rai se organizaba diariamente una tertulia, como si del Café Pombo o del Gijón en Madrid se tratase, donde mi querida abuela era contertulia fija, junto a Constanza, Fita, Félix, Mari o señá Juana.

Aunque vine a vivir aquí con dieciocho años, poco antes de marcharme a Madrid, crecí yendo a hacer recados a Alejandro, Marisol o ancá Pepe –que después de varias décadas, tristemente ha echado el cierre- o, subiendo y bajando diariamente las empinadas cuestas. Me bauticé e hice la comunión en nuestra parroquia con don Santos –el que después de tantos años como párroco se ha convertido en un referente simbólico del Barrio-. Así que si llegan por estos lares, esperemos que no, los discursos excluyentes, tengo elementos más que suficientes para poder defender mi pertenencia.

San Sebastián, además de un Barrio, es una comunidad, donde los vecinos se conocen, se saludan por sus nombres, se ayudan y tienen lazos afectivos más allá que el de compartir acera. Cuando has vivido en ciudades tan despersonalizadas e individualistas como Madrid valoras salir de casa y poder saludar a Toñi y Andres, a Ani y Domingo, a Luisa y José o, a  Amparo y Joaquín, por sus nombres, que te pregunten al bajar la calle Buenavista Pepi “la del ciego” o Julia que cómo estás.

Fue mi abuela la que me fijó a San Sebastián. Permitidme que tenga aquí con unas palabras de recuerdo con quien tan importante fue para mi familia y que, siendo una de las vecinas más longevas de nuestro barrio, se marchó el pasado mayo. Ella que siempre presumía de vivir en la calle “el cuerno” y, que tan buen humor y hacer tuvo siempre.

Como no quiero ponerme más sentimental de la cuenta ni extenderme demasiado, admitidme que acabe con una petición –los abogados siempre finalizamos nuestros escritos con un suplico- no dejemos que nuestro Barrio, que también es el de todos los que estos días vienen a probar los deliciosos pestiños que hacen nuestras vecinas, pierda su encanto y sus valores. No permitamos que por mirar la pantalla del móvil nos alejemos de aquellos con quienes compartimos calles. Sigamos siendo una comunidad amable, abierta y hospitalaria.