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Alegría flamenca de vivir.

“El infierno de tu gloria
ha pasao por mi.
Ahora siento y pienso adentro
alegria de vivir”

 Ray Heredia

 

No sé si la vida está llena de casualidades o es que al que tiene un martillo todo le parecen clavos. Seguro que os ha pasado, os hablan de algo y, desde ese momento, no paráis de toparos con la susodicha cosa. En mi caso y en este post, fue el flamenco.

Un sábado del pasado y caluroso octubre, madrugué como de costumbre y me puse a leer Historia Social del Flamenco de Alfredo Grimaldos, un libro jondo que contiene un relato político-social de un género musical marcado por la pobreza y la injusticia. Los grandes flamencos siempre han salido de los estratos sociales más desfavorecidos. Aprendían de oído y se empapaban escuchando los distintos palos sentados en las calles, por ejemplo, del barrio de San Miguel de Jerez o la Plaza Alta de Badajoz. Carecían de estudios, es más El Agujetas decía que los cantaores que saben leer “pierden la pronunciación”, pero tenían duende y la cultura en la sangre. Lorca se refería a Manuel Torres, uno de los mejores cantaores de su época, como “el hombre de mayor cultura en la sangre que he conocido”.

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Rancapino en plena actuación

Mientras leía escuchaba a Rancapino, ese pariente de Camarón del que Iker Seisdedos, periodista de El País, afirmaba que estaba afiliado a una “forma afónica de honrar la belleza” y que es genio y figura en los tablaos y fuera de ellos. Deleitaos con la anécdota. Estaba el cantaor en una fiesta con Felipe González en El Chato en Cádiz y empezaron a hablar del número de hijos de Rancapino y el expresidente terminó, liado, siendo el padrino de uno de sus vástagos y apuesto que, también, pagando el bautizo.

Después, había quedado con la Chica Arquitecta –pido perdón a Guille Ortiz, gran demente, cuyo blog os recomiendo­, por tomar prestado el recurso-, mi novia, para ir a la Ermita de San Antonio de la Florida a ver los frescos de Goya. Permitidme un inciso, si no habéis ido a verlos, id, allí está todo Goya, es gratis y después os podéis tomar un pollo asado en Casa Mingo.

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Video de Tito Fernández en plena actuación

En la línea 10 -la azul oscuro para los que os guiais por los colores- me encontré en plena actuación al cantaor flamenco Tito Fernández, al cante y la guitarra, regalándonos a cuantos viajábamos dirección Puerta del Sur una versión de La luz del sol de Raúl Pulido ¡Qué arte!

Escuché ensimismado a este flamenco de Caño Roto, el barrio con más duende de Madrid, y que aún conserva las raíces extremeñas, pues es hijo del cantaor pacense, Vicente de Castuera.

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Ray Heredia, sin más

La Chica Arquitecta subió al tren en Alonso Martínez cuando Tito cambiaba de canción, a una versión, fascinante, de Alegría de vivir de Ray Heredia. Sí, de Ray Heredia, aunque la popularizó La Barbería del Sur, el grupo de El Negri, cuñado de Ray. Al acabar, pasó flamenco el sombrero –el duende acompaña siempre– y los pasajeros pagamos con una sonrisa en la boca porque el concierto lo merecía.

El cantaor se bajó, como nosotros, en Príncipe Pío y aproveché para darle la enhorabuena y mentarle a Ray Heredia, ese genio que trajo el nuevo flamenco y que el caballo nos robó. Me despedí diciéndole que si Camarón hubiese sido anglosajón ahora sería un mito por encima de Lennon o Marley. Sonriendo y llevándose la mano al pecho, contestó: “qué grande mi José”.

Antes de irme, os dejo otra recomendación lectora flamenca. Si os gusta Camarón, leed “Pistola y cuchillo” de Montero Glez, una particular biografía de José Monge Cruz, donde se repasa la última noche que el novelista le vio con vida en la Venta de Vargas entre alcohol, tabaco, peleas de gallos y jurdos sobre la mesa.

3 thoughts on “Alegría flamenca de vivir.

  1. Solo darte las gracias por expresar el flamenco en su pureza, …pues el flamenco , es la forma mas bonita de describir la vida de uno mismo, muchas gracias, y llamazme para lo que necesiteis, es necesario sentir de verdad la vida…Un saludo

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