¡Estoy de vuelta!

Estaba en mora –según nuestro Código Civil, en concreto el párrafo primero del artículo 1.100, incurren en mora los obligados a dar o hacer alguna cosa desde que el acreedor les exige judicial o extrajudicialmente el cumplimiento de su obligación–, prometí volver con cambios y me he retrasado varios meses a pesar de las exigencias –extrajudiciales, por supuesto– de varios lectores. Diré en mi favor, aunque no considero que el cumplimiento extemporáneo de mi promesa sea excusable, que la obligación era natural y por tanto no exigible –los juristas de la sala pueden argumentar en contrario–.

Si a lo anterior, le sumas las insistentes recriminaciones que he recibido en las últimas semanas tanto de mi madre como de compañeros del PCTEX (Luis, Jesús y Raúl), expertos en estas lides, por haber abandonado este espacio, no me quedaba otra más que ponerme a escribir y volver a publicar. Así que en esas estoy, asumiendo con resignación que el abandono me ha costado una penalización en el algoritmo de Larry Page y Sergéi Brin –fundadores de Google- aunque, como todo no es negativo, puedo tachar, antes del nuevo año, uno de mis propósitos para el 2018.

Habrá novedades, por supuesto, pero seguiré hablando de Derecho –no demasiado que sé que os aburre–, de Extremadura, de Madrid, de libros y librerías, de baloncesto, de viajes y de todo aquello, como antes, que necesite contaros y que pueda ser de vuestro interés. Para que vayáis abriendo el apetito, os adelanto que en las próximas entradas hablaré de flamenco y de espías.

Antes de seguir, quiero que sepas que sin ti que me lees al otro lado de la pantalla esto no habría sido posible. Gracias por seguirme y sumarte a la nueva etapa de Un jurista entre bambalinas. En la barra del bar que es este blog estás convidado a lo que consumas, paga la casa. Además, te invito a que participes y me ayudes a que la parroquia –prefiero este término para denominar a la clientela de un bar-  charle distendidamente en este espacio virtual.

¡Allá vamos!